Categoría: Liderazgo
13 Enero 2012
Empezó el 2012. Con esperanzas para todos, y en todos los sentidos. Es mi primer post del año y escribiré sobre el tema humano en las empresas.
Me anima saber que no soy la única que va contra la corriente. Porque sigo creyendo en las empresas como organizaciones humanas. Sigo creyendo en los buenos jefes, en las buenas prácticas, en la cultura de la confianza. He pasado años conversando con gerentes de empresas importantes en Lima-Perú. Puedo recordar las mejores cosas que me comentaron directivos de San Fernando, Maquinarias S.A., Banco de Crédito, SUNAT, REPSOL, Sodexho, Montana... la lista es larga.
El tema de fondo: la persona que forma parte de la organización. Esto es, los empleados, colaboradores, trabajadores, operadores o como hayan decidido nombrarlos. Personas, seres humanos con inteligencia y voluntad, razón y sentimientos. No robots a los que se controla haciendo click desde la computadora.
Se espera mucho de las personas, pero... ¿cuánto se les da a cambio? Un sueldo digno es lo primero, nadie puede contradecir esta verdad. Sin embargo, no es lo único. Un buen ambiente de trabajo, un clima laboral agradable, donde la confianza es lo que prima, pueden asegurar más y mejores resultados. Nada como mantener a los colaboradores felices en sus puestos. Reconocimientos. ¿Es mucho pedir? Confianza. Que alguno la haya traicionado no quiere decir que todos lo vayan a hacer.
Me encanta ver los rankings de Great Place to Work. Comunicación a todos los niveles. Imagen sí, pero coherencia primero. Nadie puede tapar el sol con un dedo y ocultar información a los empleados trae consecuencias nefastas. Las empresas no son la bodega de la esquina de los años 50. Son el lugar donde las personas pasan la mayor parte de su día!!!!! Si no tenemos esto claro, poco podremos esperar de los demás.
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17 Septiembre 2011
En el primer capítulo de su libro "Milagro en los Andes", Nando Parrado nos cuenta por qué los Irish Christian Brothers, que dirigían el Colegio Stella Maris, eligieron el rugby en vez del fútbol como deporte de la escuela. Ellos no querían protagonismos ni triunfos personales, buscaban una disciplina integradora y capaz de enseñar a los alumnos algunas cualidades que les sirvieran de por vida. Los Irish Christian Brothers se propusieron que la humildad, la tenacidad, la autodisciplina y la devoción por los demás se forjaran en los miembros del equipo partiendo de la práctica de un deporte tan poco conocido en Sudamérica.
Preferían el rugby porque en esta disciplina no hay protagonistas. Cada jugador tiene la misma relevancia, cada jugador sabe que su parte en el juego hace el triunfo o el fracaso del grupo, cada jugador busca el bien del equipo antes que el propio.
Si todos comprendiéramos que no somos más que una pieza en el grupo, seguro obtendríamos mejores resultados. La vida no es sólo el triunfo personal. Es bastante más que eso, la vida son relaciones en las que uno obtendría ganancias extras si fuera capaz de colocar los intereses del equipo por encima de los propios. Es una tarea poco sencilla, y sin embargo bastante alentadora. Dejar de lado el propio beneficio cuesta mucho, es cierto; pero la satisfacción compartida cuando algo se logra en equipo es mucho mayor que cuando se intenta disfrutar solo.
Basta con escuchar alguna conferencia de Nando Parrado, que ahora no sólo cuenta cómo sobrevivió en los Andes gracias a lo que aprendió del rugby, sino que va por el mundo demostrando que su historia sirve para ejemplificar los tan conocidos temas de empresa como son el liderazgo, el análisis FODA, el trabajo en equipo y la toma de decisiones.
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17 Julio 2011
Tenía 16 años cuando Rolando Paredes me habló de esta ley universal. La explicación es más que sencilla... En cualquier parte del mundo, la limonada se hace con agua, limón y azúcar. Este hombre era un experto del Análisis Transaccional y de la Psicología. Podía enseñar a cualquiera a “ver el vaso medio lleno”. Creo haber sido la más joven del grupo que escuchaba sus sesiones aquel verano de 1988 en mi ciudad natal, Trujillo.
Han pasado casi 25 años y no he vuelto a ver a Rolando, pero varias de sus frases se me quedaron grabadas.
Lo curioso es que este blog se llama helado de limón. Puse el nombre y algunos meses después mostré los primeros textos a uno de mis más grandes amigos. En realidad, un Maestro, al que admiro, respeto y aprecio por varias razones que no explicaré ahora.
Se lo mostré sólo después de que él me preguntara: ¿tienes un blog? Y le respondí, con algo de timidez, que sí, que tenía uno que no estaba segura de si valía la pena.
Los recuerdos suelen venir a la mente sin que una los llame a veces. Hoy he recordado con nitidez que este gran Maestro acababa de hablarme, por segunda vez, de la ley de la limonada. Mentiría si dijera que me acuerdo a quién parafraseó. Pero volvió a tocar la Gran Verdad: con limón, ¡haces limonada! Estábamos saboreando comida china en Zaragoza, mientras le contaba que mi vida allí era muy distinta a lo que deseaba.
Volvió a decirme que tenía dos opciones. O me lamentaba cada día por lo que no me gustaba. O sacaba provecho a lo que pasaba. Podía convertirme en una mujer amargada a la que nadie quería conocer o pasar a ser casi una observadora del mundo y escribir alguna cosa... En otras palabras: me veía capaz de aprovechar el limón para hacer una saludable limonada.
Como digo, mi blog ya tenía el nombre puesto. Pero este recuerdo me lleva a pensar en las hermosas casualidades de la vida. Puedes estar en cualquier parte del mundo y hacer limonada con tus limones. Yo estaba lejos de todo: de mi país, de mi gente, de mi profesión, de mis playas, de mi sol… Pero allí llegó él para darme los ánimos de siempre, con esa sonrisa del que te suelta la frase precisa en el momento justo. Yo le llamaría un Gandalf por su capacidad casi mágica para aconsejar y proteger, pero no creo que a él le guste. Es lo suficientemente sencillo y generoso como para aceptar la comparación.
Pero sí le diré algo desde este pequeñísimo lugar en el ciberespacio: Aquí me tiene, Doctor, con la gratitud de siempre. Espero haber hecho un poquito más que limonada. Una amiga que leyó mis textos me ha comentado hace poco (aquí en nuestra Lima querida) que el helado de limón es “bravazo”. ¿Otra casualidad de la vida para hacernos sonreír?
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25 Junio 2010
Aquí la segunda parte del artículo en el que Martín Alcandré, director de ÉRATHIS Gestión & Talento, nos describe la importancia de la familia en la formación de los jóvenes que llegan a dirigir las empresas...
Para quienes estamos en el club cuarenta y tantos… resulta inevitable tocar, en cualquier reunión de amigos, el tema de los hijos y relatar anécdotas que aunque puedan resultar amenas, no dejan de preocuparnos, porque se trata de nuestros hijos, adolescentes en este caso, en quienes hemos puesto todas nuestras esperanzas de cambiar el mundo o si prefieren una meta menos ambiciosa, lograr que sean personas exitosas, con vida plena.
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10 Junio 2010
Aquí un interesante artículo escrito por Martín Alcandré Payat, fundador y director de ÉRATHIS Gestión & Talento, en Lima - Perú. ÉRATHIS Gestión & Talento es una institución dedicada a la formación de directivos y trabajadores de distintas empresas del Perú. Cuenta entre sus clientes a importantes instituciones bancarias y de servicios de todo el país. Y el equipo de profesores está conformado por excelentes profesionales.
En estos tiempos de cambios, quienes ya cruzamos la barrera de los cuarenta años, hemos sido testigos de los cambios generacionales y su impacto en las empresas. Recuerdo cuando tenía 21 años y empecé a trabajar en una organización con más de 500 personas; a esa edad no tenía mucha conciencia de lo que quería lograr en la vida, como les pasa a muchos jóvenes hoy en día.
La competitividad del mercado obligó a la mayoría de organizaciones a requerir perfiles diferentes, se dio cabida a la juventud, energía y deseos de los jóvenes que a temprana edad asumieron responsabilidades que estuvieron por mucho tiempo en manos de gente con experiencia y sabiduría. Frases de epílogo como “Y ahora que!…no es posible que me jubilen a los cuarenta” han sido más de una vez temas de conversación en algún café miraflorino.
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6 Junio 2010
Siempre me ha gustado pensar que las personas venimos al mundo con una misión. No creo que estemos aquí sólo para poblar la tierra. Seguro que todos cumplimos una labor capaz de dejar una huella imborrable, principalmente en quienes nos han conocido.
Estos días he leido artículos y noticias sobre una persona que se ha ido de este mundo. Por respeto a su familia, no sé si debo mencionar su nombre, pero sí quiero decir que ella no era extraña para mí. Quizás allí haya estado la razón que me llevó a leer todo lo que se ha dicho de ella en los periódicos. Cosas muy buenas, por cierto, escritas por personas de distintas profesiones. Una filósofa, un ingeniero y una comunicadora han publicado sus artículos. Aparte de eso, los diarios locales dejan testimonio de lo dolorosa que ha sido su partida para quienes intercambiaron, aunque fuera la mínima palabra, con ese valioso ser humano.
Mi conclusión al ver todos esos textos: sólo una persona que ha cumplido a cabalidad su misión en la tierra puede hacer que los demás escriban sobre sus cualidades. Se han destacado todas, pues motivos había más que suficientes. Ha sido un ejemplo de mujer cristiana, de esposa, de madre, de amiga, de directiva, de hija, de hermana, de todo... DEJA HUELLA.
Y es que esa Pequeña no pasó desapercibida para nadie. Llegó a ocupar uno de los puestos más importantes en la Universidad en la que trabajaba. Nada más terminar sus estudios universitarios,con 23 ó 24 años de edad, fue nombrada Gerente Administrativa y nunca dejó de subir en el gran organigrama.
Sin embargo, se mantuvo sencilla a cada escalón que subía. Y siempre decía que ella no había buscado los puestos, que no había buscado que la pusieran allí. Seguía siendo la misma Pequeña: alegre, amigable, preocupada por los demás. Daba ejemplo sin proponérselo. Nunca descuidó a su marido ni a sus hijos. Ellos eran más importantes que todo. Y cada rol que le tocó en la vida, lo asumió con alegría y responsabiidad.
Cuántas veces pude ver mis limitaciones frente a ella. No me cuesta aceptar que no le rozaba ni los talones. Y estoy segura de que a muchos les pasa lo mismo. Pero eso sólo demuestra que es un ejemplo a seguir si se quiere ser coherente en la vida.
No se ha ido ni se irá nunca del todo. Quienes la conocimos, tenemos el privilegio de escuchar su voz y ver su sonrisa en nuestros recuerdos. Y con eso, seguramente tendremos el consejo prudente de quien llevó una vida buena.
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29 Diciembre 2009
Cada vez que recibo publicidad sobre cursos empresariales, veo estas tres palabras muy fácilmente utilizadas en el título de alguna sesión. Un poco de sentido común nos puede ayudar a establecer unas convenientes distinciones sobre estas palabras tan marketeras. Así, se tiene poder; en cambio, se es autoridad. Para lo primero basta con estar en el cargo y poner cara de inteligente. Para lo segundo hay que ser inteligente y tener realmente buenos modos de ser. El liderazgo, por lo demás, supone ejemplaridad y entrega sacrificada a los demás y a los objetivos de la organización.
¿Quién no quiere ser líder? ¿Quién no ansía el poder? Muy pocos, pues la mayoría sabe que, con una pizca de éste último, puede lograr hasta sus metas más descabelladas. El que tiene poder se sabe poderoso. Pero lo que los poderosos no siempre tienen claro es que hay una gran diferencia entre gozar de ciertas prerrogativas y liderar un grupo humano. No se lidera a patadas, ni tratando a la gente de ignorante, ni manipulándolas, ni viendo potenciales enemigos hasta debajo de las alfombras. Sólo se lidera cuando hay autoridad -la auctoritas de la que hablaban los romanos- El poder solo -combinado de estrechez de mente y de aridez de corazón- es únicamente fuerza bruta, aunque la mona se vista de seda.
He sido jefa de departamento alguna vez, pero más que eso agradezco que la vida me haya permitido estar a las órdenes de grandes personas y también de otras que no lo son tanto. Esto me da la posibilidad de diferenciar entre quién fue realmente un líder -porque además lo sigue siendo- y quien sólo fue un simple poderoso. Al líder lo admiraré toda la vida y seguramente le pediré el consejo preciso en el momento oportuno. Al poderoso no creo que le pregunte nada más que por su salud.
Al líder le agradezco cada una de las cosas que me enseñó y me corrigió con cariño. Al poderoso, le agradeceré que me haya alejado de su lado porque allí no aprendí más que la humillación, la imposición, el egoísmo y la ceguera que de este último se deriva.
Al líder acuden todos, los que están bien, los que están mal, los que ríen y los que sufren. Al poderoso acuden los aduladores, los que sólo buscan obtener un beneficio mientras ocupe el cargo. Y también quienes el miedo paraliza y los hace mirar a otro lado.
El líder reconoce cuando la empresa no va bien y cuenta con todos para enfrentar y salir de la crisis. Para el poderoso todo estará bien mientras él "esté a cargo". Y nadie más indispensable que él para la organización. No le importa deshacerse de los más competentes, y siempre tendrá una excusa para argumentar que sus decisiones son las más acertadas, aunque estén llevando al equipo al abismo.
El poderoso suele ver como enemigos a muerte a otros miembros de la empresa que tienen liderazgo, porque no soporta que le hagan ver sus errores o que los subordinados admiren a quien le hace sombra. Hay casos clínicos de jefes que faltan al trabajo para no ver cómo al líder que detesta, la gente le da una real muestra de cariño el día de su cumpleaños. Pero lo que más odia es a los profesionales más inteligentes que él, porque lo empequeñecen, y lo hacen sentir miserable.
Del líder siempre oigo cosas buenas porque tiene esa capacidad de escuchar y con-vencer. El líder no camina solo, camina junto a quien está a su lado, por encima de él y por debajo en el organigrama. La razón: sabe que llegar solo no tiene ningún mérito, él quiere que el triunfo sea compartido porque busca que todos crezcan a su lado.
El líder es un amigo. El poderoso... a ver cuántos dedos de una mano le sirven al momento de contar a quienes lo admiran y respetan de verdad.
El líder lo será siempre, aunque falle en algunas decisiones, porque las tomó con cariño y respeto. Se sabe frágil, pero cuenta con la mano de sus colaboradores y amigos para levantarse. El poderoso un día advertirá que sus pies son también de barro, y cuando deje el cargo reconocerá a quiénes realmente estuvieron a su lado sin afán de adulación. Entonces y sólo entonces sabrá cómo la vida le recompensa su falta de competencia.... y de corazón.
servido por heladodelimon
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