Poder, autoridad y LIDERAZGO
Cada vez que recibo publicidad sobre cursos empresariales, veo estas tres palabras muy fácilmente utilizadas en el título de alguna sesión. Un poco de sentido común nos puede ayudar a establecer unas convenientes distinciones sobre estas palabras tan marketeras. Así, se tiene poder; en cambio, se es autoridad. Para lo primero basta con estar en el cargo y poner cara de inteligente. Para lo segundo hay que ser inteligente y tener realmente buenos modos de ser. El liderazgo, por lo demás, supone ejemplaridad y entrega sacrificada a los demás y a los objetivos de la organización.
¿Quién no quiere ser líder? ¿Quién no ansía el poder? Muy pocos, pues la mayoría sabe que, con una pizca de éste último, puede lograr hasta sus metas más descabelladas. El que tiene poder se sabe poderoso. Pero lo que los poderosos no siempre tienen claro es que hay una gran diferencia entre gozar de ciertas prerrogativas y liderar un grupo humano. No se lidera a patadas, ni tratando a la gente de ignorante, ni manipulándolas, ni viendo potenciales enemigos hasta debajo de las alfombras. Sólo se lidera cuando hay autoridad -la auctoritas de la que hablaban los romanos- El poder solo -combinado de estrechez de mente y de aridez de corazón- es únicamente fuerza bruta, aunque la mona se vista de seda.
He sido jefa de departamento alguna vez, pero más que eso agradezco que la vida me haya permitido estar a las órdenes de grandes personas y también de otras que no lo son tanto. Esto me da la posibilidad de diferenciar entre quién fue realmente un líder -porque además lo sigue siendo- y quien sólo fue un simple poderoso. Al líder lo admiraré toda la vida y seguramente le pediré el consejo preciso en el momento oportuno. Al poderoso no creo que le pregunte nada más que por su salud.
Al líder le agradezco cada una de las cosas que me enseñó y me corrigió con cariño. Al poderoso, le agradeceré que me haya alejado de su lado porque allí no aprendí más que la humillación, la imposición, el egoísmo y la ceguera que de este último se deriva.
Al líder acuden todos, los que están bien, los que están mal, los que ríen y los que sufren. Al poderoso acuden los aduladores, los que sólo buscan obtener un beneficio mientras ocupe el cargo. Y también quienes el miedo paraliza y los hace mirar a otro lado.
El líder reconoce cuando la empresa no va bien y cuenta con todos para enfrentar y salir de la crisis. Para el poderoso todo estará bien mientras él "esté a cargo". Y nadie más indispensable que él para la organización. No le importa deshacerse de los más competentes, y siempre tendrá una excusa para argumentar que sus decisiones son las más acertadas, aunque estén llevando al equipo al abismo.
El poderoso suele ver como enemigos a muerte a otros miembros de la empresa que tienen liderazgo, porque no soporta que le hagan ver sus errores o que los subordinados admiren a quien le hace sombra. Hay casos clínicos de jefes que faltan al trabajo para no ver cómo al líder que detesta, la gente le da una real muestra de cariño el día de su cumpleaños. Pero lo que más odia es a los profesionales más inteligentes que él, porque lo empequeñecen, y lo hacen sentir miserable.
Del líder siempre oigo cosas buenas porque tiene esa capacidad de escuchar y con-vencer. El líder no camina solo, camina junto a quien está a su lado, por encima de él y por debajo en el organigrama. La razón: sabe que llegar solo no tiene ningún mérito, él quiere que el triunfo sea compartido porque busca que todos crezcan a su lado.
El líder es un amigo. El poderoso... a ver cuántos dedos de una mano le sirven al momento de contar a quienes lo admiran y respetan de verdad.
El líder lo será siempre, aunque falle en algunas decisiones, porque las tomó con cariño y respeto. Se sabe frágil, pero cuenta con la mano de sus colaboradores y amigos para levantarse. El poderoso un día advertirá que sus pies son también de barro, y cuando deje el cargo reconocerá a quiénes realmente estuvieron a su lado sin afán de adulación. Entonces y sólo entonces sabrá cómo la vida le recompensa su falta de competencia.... y de corazón.
