Aprender a reirse de uno mismo
No somos perfectos y de eso tenemos que ser absolutamente conscientes. Nadie lo es. Ya nos gustaría no tener defectos, no cometer errores, no habernos equivocado nunca. Pero aquí estamos, al fin al cabo, después de haber tomado caminos buenos y malos, decisiones acertadas y otras no tanto.
Quienes nos conocen nos quieren igual, siguen conversando igual y siguen confiando lo mismo en nosotros. Siempre van a estar los amigos a nuestro lado. Y siempre saldrán en las conversaciones algunas de nuestras experiencias más desacertadas. ¿Qué se le va a hacer? Pienso sinceramente que si no nos reimos de nosotros mismos, estamos perdidos en esos momentos. Nos molestaremos, pasaremos un mal rato y, lo peor de todo, es que lo haremos pasar mal a todos los que estén reunidos con nosotros.
¿De qué habrá servido tanto enojo? No sé si de algo...
En cambio, si uno es capaz de aceptarse tal como es, se reirá en estas circunstancias y sabrá salir del paso de la manera más inteligente: sin poner malas caras. Existe una cualidad muy importante en el ser humano que se llama transparencia y ser transparente significa ir sin máscaras por la vida ni tratando de ocultarse por el qué dirán.
