Vivir sin rumiar
No creo que me equivoque si afirmo que todos hemos saboreado tragos amargos alguna vez en la vida. Cuando nos suceden cosas "malas", tenemos dos opciones: tirar para adelante o rumiar por el mal rato. Si tiramos para adelante, lo más probable es que ganemos en experiencia y -por qué no- en virtudes como la alegría y la fortaleza. Por el contrario, si elegimos rumiar por el mal rato, difícilmente saldremos del hoyo, pues porque para empezar ni siquiera nos lo hemos propuesto.
Pienso que la actitud del que elige no rumiar es bastante más inteligente. No está mal llorar un rato, pero es bueno intentar que las lágrimas no duren más de lo necesario. Quiero decir, si hay que llorar se llora... pero luego se piensa y se sigue viviendo. La vida es demasiado corta como para dar tanta importancia a los malos ratos. Éstos no son más que una pequeña parte de la existencia que bien aprovechados, ya lo he dicho, nos dejan experiencia, lo que nunca está de más.
Sin embargo, hay quienes se pasan la vida entera reviviendo los momentos desafortunados. Cualquier cosa es motivo para renegar, gritar, chillar y enojarse -para rumiar-. Pobre gente, merece nuestra compasión por la triste vida que ha elegido vivir y por lo sola que se quedará algún día. No hace más que transmitir "mala vibra". Muy pocos se le acercan porque no quieren "contagiarse". Y así se pasan los días: "rumiando".
En los no rumiantes, en cambio, vemos gente alegre, emprendedora, que ha sabido levantarse incluso de las cenizas. Son personas de las que hay mucho que aprender porque son capaces de demostrar que la esperanza es lo último que se pierde, y que aún después de haberse enjugado un río de lágrimas se puede ver maravillado una puesta de sol.


Angie dijo
...que la esperanza es lo último que se pierde, y que aún después de haberse enjugado un río de lágrimas se puede ver maravillado una puesta de sol.
AMEN!!!!!!! :)
5 Febrero 2010 | 07:31 PM