Mi primer e-mail
Corría el año 1994. Mi marido y yo vivíamos en ciudades distintas. Yo en Trujillo y él en Piura, unos 400 Km. más al norte. Normalmente nos comunicábamos por teléfono...
La tecnología avanzaba, a nuestro parecer, a pasos agigantados. Así que me matriculé en cursos de computación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Eran los tiempos en que había que insertar un diskette para que el ordenador se iniciara con el DOS (si no me equivoco, las siglas correspondían a Disk Operating System). Una vez iniciado el DOS se insertaba otro diskette en el que venía el Programa que se usaría. Yo aprendía a usar el Word Perfect. Y no se pueden imaginar lo que había que saber para subrayar algo, o poner las letras en negrita o cursiva. Ya si lo que necesitabas eran letras con tildes o una "ñ" tenías que estar al tanto de las famosas funciones macro. Por ejemplo, si querías poner la "a" tildada, debías usar la tecla alt y luego teclear el 160, si mal no recuerdo. (Estamos en el 2010, así que han pasado 16 años laaaaaaaaaaaargos).
Y así me preparaba para enfrentar el prometedor futuro de la informática cuando un buen día apareció mi amigo Yuri para contarme que en la UNT se usaba mucho el correo electrónico. Me hablaba de las maravillas del invento y me aseguraba que en esta alma mater era de gran utilidad para las mujeres cuyos maridos -profesores de la UNT- se encontraban en el extranjero haciendo doctorados. Si quieres le envío un mensaje a tu marido de tu parte, me dijo amablemente. A lo que respondí que no, que le agradecía muchísimo la oferta pero que con el teléfono me bastaba. La verdad, yo no terminaba de entender eso del e-mail. Y tampoco es que me interesara.
Yuri insistía en que se trataba de una maravilla tecnológica que además no costaba ni un céntimo. Así que se guardó el nombre de mi marido a pesar de que le dije que no me intersaba enviarle ningún correo por computadora.
Yo no escribí ningún mensaje, no me imagino desde qué ordenador se envió ni a cuál llegó. El asunto es que mi marido recibió, desde el Instituto de Ingeniería Mecánico Eléctrica de la universidad donde empezaba a trabajar como periodista de la Oficina de Información, un papel que transmitía el mensaje: Si eres Jorge Rodríguez y estás en la Universidad, responde este mensaje.
El pobre hombre no daba crédito a lo que acababa de recibir y lo primero que le vino a la mente, como era natural, fui YO. La gran culpable del desastre que causaba en su vida laboral. No dudó en coger el teléfono para preguntarme: HAS SIDO TÚ???!!!!! Cómo has podido? Sabes acaso quiénes usan el correo electrónico aquí? Sólo los Ingenieros del IME!!!! (el Instituto de Ingeniería Mecánico Eléctrica que antes he mencionado). No quiero ni imaginar lo que me va a costar esto en dinero cuando me llegue la cuenta a fin de mes.
Al otro lado de la línea, yo sólo escuchaba y pensaba en el verdadero responsable. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡YURI!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!, me dije. ¿Cómo se atrevió? Traté en vano de explicarle a mi marido lo que había ocurrido y le dije que Yuri era un buen chico, que sólo quería ponernos en contacto sin que nos costara nada y que seguramente había intentado darle una sorpresa. No me entendió, por supuesto, si yo no sabía nada de esos adelantos...
Como he dicho, de esto hace ya 16 años. Hasta ahora no llegó ninguna cuenta para mi marido. Sin embargo, el susto pasó y hace mucho que usamos el correo electrónico a diario.
