La fuente es sagrada
Y pensar que alguien se negaba a respetar el secreto de la fuente cuando la fuente eras tú. Tú que en cada juicio defendías a periodistas que no debían revelar sus fuentes por ningún motivo. Tú que los libraste de las penas con argumentos irrebatibles porque "la fuente es sagrada". Tú que eras la máxima autoridad en el periódico porque nada se publicaba sin antes escuchar tu consejo. Sólo tu aprobación valía en los destapes, sólo de ti podían fiarse aquellos profesionales honestos del periodismo.
¿Y alguien se atrevió a pedirte que revelaras lo que claramente dijiste (yo estaba allí) que no debía ser usado? Al poco tiempo te fuiste, pero recuerdo haberte llamado en el peor momento. Nos separaba un Atlántico y lo único que me preguntaste fue si esa persona seguía molesta contigo porque te negabas a hablar. Te respondí que eso no importaba y recuerdo que hasta me di el lujo de reñirte por confiar demasiado. Yo te entendía, siempre te entendí. Nos unía aquello de investigar sobre lo mismo, pero tú me llevabas años luz en experiencia. Yo te quería, todos te querían.
Trataron de ponerme en tu contra y casi grité para que entendieran que no lo iban a conseguir. Nunca lo lograron. Te fuiste un día y soy una de las tantas personas a las que dejaste con el corazón vacío. Creo que es verdad lo que dice Susana Tamaro en su libro "Donde el corazón te lleve": Los muertos pesan, no tanto por la ausencia, como por todo aquello que entre ellos y nosotros no ha sido dicho. Y puedo asegurarte que me duele tu ausencia, nos dolió a todos los que te conocimos de cerca. Sin embargo, no me pesa lo que no te dije porque nada quedó sin decirse entre nosotros. Tengo el alma tranquila porque te aseguré que no pasaba nada, que hacías bien en callar. Y lo último que me dijiste al teléfono fue: ánimo, que tú puedes y vas a salir adelante, vas a salir de todo eso.
Así fue y lo sabes... todavía puedo leer los últimos mensajes que me escribiste. Y me encantan. Todavía leo aquel en el que me preguntabas si estábamos bien después del terremoto del sur. Te respondí y te dije que pronto estaríamos tomando un Rioja en Valladolid. No pasó un mes y nos dejaste, pero contigo no me ocurre lo de "Donde el corazón te lleve". No me dueles por lo que no nos dijimos. Eso me permite sonreir cada vez que pienso en ti y recuerdo tus carcajadas. ¡Dios mío, qué bálsamo para el alma siguen siendo tus risas a pesar de que ya no estás!


Carlos Martín Díaz Cruz dijo
Toda una reflexión que nos deja Rocio con este metatexto sobre la importancia de la fuente en todo periodista. Con un ejemplo claro sobre una experiencia vivida son el mejor momento para dilucidar lo que significa no revelar la fuente. Felicidades por tu escrito Rocio, que vengan muchos más
26 Junio 2011 | 09:27 PM