La ley de la limonada
Tenía 16 años cuando Rolando Paredes me habló de esta ley universal. La explicación es más que sencilla... En cualquier parte del mundo, la limonada se hace con agua, limón y azúcar. Este hombre era un experto del Análisis Transaccional y de la Psicología. Podía enseñar a cualquiera a “ver el vaso medio lleno”. Creo haber sido la más joven del grupo que escuchaba sus sesiones aquel verano de 1988 en mi ciudad natal, Trujillo.
Han pasado casi 25 años y no he vuelto a ver a Rolando, pero varias de sus frases se me quedaron grabadas.
Lo curioso es que este blog se llama helado de limón. Puse el nombre y algunos meses después mostré los primeros textos a uno de mis más grandes amigos. En realidad, un Maestro, al que admiro, respeto y aprecio por varias razones que no explicaré ahora.
Se lo mostré sólo después de que él me preguntara: ¿tienes un blog? Y le respondí, con algo de timidez, que sí, que tenía uno que no estaba segura de si valía la pena.
Los recuerdos suelen venir a la mente sin que una los llame a veces. Hoy he recordado con nitidez que este gran Maestro acababa de hablarme, por segunda vez, de la ley de la limonada. Mentiría si dijera que me acuerdo a quién parafraseó. Pero volvió a tocar la Gran Verdad: con limón, ¡haces limonada! Estábamos saboreando comida china en Zaragoza, mientras le contaba que mi vida allí era muy distinta a lo que deseaba.
Volvió a decirme que tenía dos opciones. O me lamentaba cada día por lo que no me gustaba. O sacaba provecho a lo que pasaba. Podía convertirme en una mujer amargada a la que nadie quería conocer o pasar a ser casi una observadora del mundo y escribir alguna cosa... En otras palabras: me veía capaz de aprovechar el limón para hacer una saludable limonada.
Como digo, mi blog ya tenía el nombre puesto. Pero este recuerdo me lleva a pensar en las hermosas casualidades de la vida. Puedes estar en cualquier parte del mundo y hacer limonada con tus limones. Yo estaba lejos de todo: de mi país, de mi gente, de mi profesión, de mis playas, de mi sol… Pero allí llegó él para darme los ánimos de siempre, con esa sonrisa del que te suelta la frase precisa en el momento justo. Yo le llamaría un Gandalf por su capacidad casi mágica para aconsejar y proteger, pero no creo que a él le guste. Es lo suficientemente sencillo y generoso como para aceptar la comparación.
Pero sí le diré algo desde este pequeñísimo lugar en el ciberespacio: Aquí me tiene, Doctor, con la gratitud de siempre. Espero haber hecho un poquito más que limonada. Una amiga que leyó mis textos me ha comentado hace poco (aquí en nuestra Lima querida) que el helado de limón es “bravazo”. ¿Otra casualidad de la vida para hacernos sonreír?
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María Gracia dijo
Casi me hace llorar...
17 Julio 2011 | 06:45 PM